Mi amante intruso Carlos

Un cuento de:
Diego Putito Lopez
diegomotion1@yahoo.it
Con fotos de:
Horacio
calzoncillosquearden@gmail.com

El sábado pasado vino Carlos a casa. Por suerte mi viejo no estaba. ¡Para qué le habré dado mi dirección! Recuerdo que fue una noche de tormenta mientras hablábamos por teléfono que le dije dónde vivía. Estábamos muy cachondos, me hablaba con esa voz de macho prepotente mientras me masajeaba los huevos y el culo en la cama y le decía que se la iba a chupar hasta dejarlo seco y él me decía que me iba a atravesar de lado a lado con su verga. Entonces me puse el celular en el orto mientras lo escuchaba acabar del otro lado de la línea.
Y vino este sábado, a las dos de la tarde. Mis vecinos policías no estaban, los del fondo se habían ido a Bariloche y los del otro lado dormían. Mi vecino de enfrente, que a veces anda a caballo en cuero aunque sea invierno, tampoco estaba, se había ido en su camión. Antes de irse dio un paseo por la vereda, con su pantalón de las tres tiras blancas que le marca tanto el culo, se puso de frente un momento para que le vea el bulto bajo la tela azul. Usa slips. Me miró como quien mira un cactus en el desierto. Se trepó al camión tensando los músculos al subir y tras varios rugidos arrancó y salió levantando el polvo de la calle.
Cuando Carlos llegó yo estaba por tomarme una ducha de agua fría. Llamó muy fuerte:
-¡Diego! ¡Dieeeeeeeegoooo! ¡DIIEEEEEGGGOOOOOOOOOOOO!
Salí en shorcito a atenderlo antes de que despabile a todo el barrio. Le sonreí. Vestía un flamante jean azul, los zapatos lustrosos, un cinto de cuero con hebilla plateada y gruesa. Su camisa estaba impecable, sin dibujos, solo el color celeste y varonil. Su perfume era como el olor de un caballo salvaje, lleno de bríos.
Le abrí. Lo primero que hizo fue morderme las tetas.
-Esperá que cierro la puerta.
Cerré con candado. Me levantó en el aire y me llevó al fondo. Sobre el césped me tiró y se arrojó encima para seguir besándome el pecho y pasarme las excitadas manos por mi shorcito blanco cortito. Su barba apenas crecida me pinchaba la piel. Puse mi mano sobre su miembro. Su pija estaba tan erguida que casi hace un agujero en su pantalón nuevo.
-Carlos, ¡pará! Seamos civilizados.
Me besó, aflojó su cuerpo y me ayudó a levantarme. Entramos a la cocina y preparé unos mates mientras me contaba sus aventuras.
Recostado contra el mármol de la pileta, de pie, le acercaba los mates a Carlos. Él, sentado, con las piernas abiertas, se bajó el cierre para mostrarme su boxer blanco. Era un hermoso boxer. Entonces se lo corrió para que le vea las grandes pelotas peludas y su verga al palo. Acercó el mate a su pija para que los compare. Ni punto de comparación, sólo la calentura de sentirlos en la boca. Por instinto me fui acercando y me metí por completo el choto de Carlos en la boca. Sin saborear, solo lo quería tener bien adentro, todo lo adentro posible, aunque me hiciera arcadas en la garganta. Él siguió con el mate hasta hacer ruidito y lo dejó en el piso. Solté su pija para mirarla un rato, un hilito de gasca se corría de la puntita. Lo casé con la lengua y con los labios apreté su cabecita para que largara más. Lo probé y me gustó. Bajé y subí con la boca para seguir calentando esa verga lechera. Lo agarré de las bolas, me calienta mucho masajearlas mientras su pija me infla los cachetes. Mi lengua se pasea de arriba abajo, arriba y abajo. Estoy muy concentrado en apretar bien mis labios en cada centímetro de su pija. Se enfría el agua del mate. Lo dejo un rato y le digo que me voy a duchar.
Me desvisto dejando la ropa tirada en el camino y entro a la ducha fría. Se me pone la piel de gallina. El pelo mojado me cubre los ojos, no lo veo pero Carlos está muy cerca.
-Lavate bien el culo putito, que te lo voy a partir.
Me despejo los ojos y lo veo a Carlos sin la camisa ni el pantalón. De su boxer asoma su tremenda pija en alto. Se acerca. Me arrodillo y le paso la lengua por la cabeza y el palo. Mientras se la chupo me pone champú en el pelo y me lo masajea hasta llenarlo de espuma. Me masajea con fuerza y me agita la verga en la garganta. Con mis manos enjabono bien mi culo para dejarlo super limpio. El jabón me entra entero en el ano de tan excitado que estoy. Soy todo espuma.
Carlos me suelta un rato para que me enjuague. Cuando salgo del agua me pasa la lengua por las todo el cuerpo para sacarme el agua, me aprieta las nalgas con sus manos y su lengua pasa por mi cuello, mis labios y mis oídos. Su pija choca con la mía, sus bolas oprimen las mías. Quiero tenerla adentro.
Me envuelve con la tohalla, me seca el cabello y después me abraza de tal forma y fuerza que no puedo mover mis brazos ni mis piernas. Me mordisquea el cuello y siento su pija presionando mi culo. Su mano busca mi verga y me empieza a pajear. Me lleva hasta mi cuarto y me deja libre sobre la cama. Ladra un perro, mira por la ventana pero no es nadie. Regresa con su pija húmeda y dura y me arrimo para chupársela de nuevo. Su mano explora mi culo y me lo abre.
-¡Metémela Carlos, metémela!
-Todavía no.
Mi boca se llena de saliva y subo y bajo por su verga una y otra vez. Separa su pija y me entra con su lengua en los labios. Después me hace bajar la cabeza para que le bese las tetillas. Cuando se las dejo mojaditas y duras me hace bajar más, sigo besando todo su cuerpo y me hace bajar más y más, hasta que le beso las pelotas y las lleno de besos.
-Así, Dieguito, usá tu lengüita.
Le paso la lengua por las bolas, por el borde del palo y del glande. Muerdo la base de su pija y la vuelvo a besar. Después le doy muchos besos a la cabecita hasta que me quedan los labios pegoteados de leche. Me limpio los labios con la lengua y lo vuelvo a besar.
Mi culo palpita de placer y de deseo. Me devoro su pija y chupo con desesperación, como si fuera a acabar en cualquier momento. La tengo toda en la boca.
-¡Sos una perra! ¡Cómo te la comés putita! ¡Besame el orto!
Me paso al otro lado y pongo mi lengua en su culo. Lo beso todo, los cachetes, la raya, el orto. Pongo mucha saliva en su culo y hundo mi lengua todo lo posible. Se lo abro bien con los dedos y entra toda mi lengua hasta la base. Mi pija no da más y le chorrea leche, pero mi culo es el más desesperado.
-¡Vení para acá puta!
Me ordena Carlos.
-Ponete en cuatro.
Pongo mis codos y rodillas sobre el colchón con el culo en alto, esperando que en cualquier momento Carlos me embista por atrás con su cañón. Me agarra del cuello con una mano y la otra me abre el culo, que ya estaba bastante abierto, y de tanto abrirlo me mete el puño entero y me lo agita adentro.
-¡Haaaa! ¡Carlos!
-¡Qué culo, cómo lo tenés! Preparate porque te voy a ensartar.
La pija de Carlos no se hizo esperar más. Me dio vuelta y me levantó las patas sobre sus hombros. No le ví la pija pero me la hizo notar cuando me la enterró.
-¡Te voy a dejar preñado! Te voy a echar tanta guasca que te va a salir por las orejas.
Bien sujeto por la cintura, con la garcha de Carlos en lo profundo de mi orto, podía verle la cara de goce mientras me culeaba. Mis tetillas estaban duras de excitación y sentía que mi pija iba a acabar en cada embestida de Carlos. Entraba y salía de mi culo. No aguanté más y acabé esparciendo leche por toda la cama. Carlos me seguía dando por el culo y me hizo cambiar de posición. Me puse culo arriba en la cama, en posición horizontal. Se puso encima mío y me penetró despacio. Entró toda y se movió despacio arriba y abajo, por último aceleró y acabó a borbotones llenándome el orto de guasca caliente.
Estábamos así en la cama, todo embarrados en guasca. Le pedí que se marchara, que iba a llegar mi viejo en cualquier momento. Me sacó la pija del culo y me sentí desnudo. Tan desnudo me sentí que se la chupé toda para tenerla otro ratito más adentro mío. Pero tenía que irse. Me puse un slip, él se puso su boxer. Estábamos al palo de nuevo y nos abrazamos para sentir nuestras duras pijas una contra la otra.
Mi mano lo buscó de nuevo y lo pajeó hasta hacerlo acabar de nuevo. Mi mano se llenó de leche. Lo limpié con la lengua y le saqué las últimas gotitas de guasca.

-Ahora sí, vestite y andate.
Se puso el jean, la camisa, los zapatos. Estaba guapísimo. Lo acompañé hasta la puerta. Me puso una mano en el orto y me puse cachondo de nuevo. Su pija estaba al palo otra vez y como despedida me la puso contra la puerta de la casa. Los perros del vecino aullaban como condenados. Mi culo roto estaba adolorido pero cómo gozaba con esa pija. Acabó y me pajeó con delicadesa, mi leche pintó la pared de blanco.
Me puse el pantalón y unas zapatillas y lo acompañé hasta la vereda. Ya era de noche.
-Carlos, no vuelvas más por acá, es peligroso.
-No seas hinchapelotas y chupamela.
Se bajó el cierre y me hizo arrodillar en la vereda para que me la ponga en la boca. La agitó contra mis cachetes dejándomelos colorados. Su leche se escurrió por mis dientes y la tragué toda de nuevo.
-Ahora me voy.
-Esperá, llegan mis vecinos, no quiero que te vean.
Lo hice entrar a Carlos de nuevo mientras mis vecinos de al lado entraban el auto.
La luz de la luna trepaba por la piel de Carlos, que se había sacado la camisa otra vez. Se veía tan lindo. Bajé su pantalón para verle el culo iluminado por la luna. Otra belleza. Le besé el orto peludo y se lo chupé bien chupado. Pasé la lengua por donde la luna pasaba y la metía donde la luz de la luna no podía llegar. Carlos empezaba a aullar como un hombre lobo. Le mordí la boca para callarlo pero era él el que me iba a hacer aullar a mí. Me empomó el orto con su pija de nuevo y me sacudió una y otra vez. No acababa más, entraba y salía sin descanso y la pija no se le desfallecía. Estaba incansable.
En ese momento llegó mi vecino de enfrente con el camión. Desde lo alto de la cabina podía verme como Carlos me tenía a los tumbos con sus pijazos. No se bajó, siguió mirando desde el cambión. Yo no pude evitar que nos viera, pero ya no tenía importancia. No podía decirle a Carlos que se oculte.
Me puso en cuatro contra el pasto y me siguió dando por atrás. Esta vez acabó y lanzó un suspiro. Tenía razón, me salió guasca hasta de los oídos. Salí a la vereda con Carlos, camisa en mano y nos despedimos. El vecino mirón bajó del camión y noté que se agarraba la pija.
Lo cité a Carlos de nuevo para el sábado, a la hora que el vecino de enfrente se trepa al camión.

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