ABOGADO DEL DIABLO – Parte II


Estoy en el departamento de Darío. Tiene 43 años y vive solo. Hace dos meses que nos venimos “conociendo”. Me muestra un documento en su computadora y me inclino en el lugar para darle formato a un párrafo. Él aprovecha para agarrarme de atrás y hacerme cosquillas mientras me apoya el bulto.
–¡Uy, Darío!
Me sonrío pero enseguida me vuelvo triste de nuevo.
–¿Qué pasa Diego?
–Es que hoy vine para ayudarte con esto, nada más.
–Al final sos un histérico.
–Te mandé montones de mensajes para ir al cine o pasar la noche con vos y siempre me respondiste con excusas. Al final saqué la conclusión de que no te intereso. Te escribí: “Llamame cuando quieras”; y nunca me llamaste.
–¿Me estás reprochando? Hace poco tiempo que nos conocemos.
–No te estoy reprochando, sé que no somos pareja ni nada. Pero pensé que podríamos ser amigos…
–Vamos a coger– me señala la pieza.
–No tengo ganas.
–Diego, yo tengo muchos amigos. No necesito otro amigo.
Empecé a sollozar, nervioso.
–Mejor me voy.– Me sequé las lágrimas en el baño y me fui.
Se me fue el amor, la estabilidad de una posible pareja, la confianza en mí mismo y el deseo sexual. Es hora de probar algo más rentable y que mi curiosidad me insiste desde hace tiempo. Voy a convertirme en Taxiboy. Arrivederci mundo cruel. Allora mundo del sexo prepago.

En el despacho del Doctor Domínguez se sucede una escena poco común. El director de la compañía lo está felicitando.
–Doctor Domínguez, su trabajo ha sido brillante, ha demostrado un talento desmedido en los últimos casos que tuvimos.
–¡Haaa! Sí… Gracias…
–Su labor nos ha ahorrado a la compañía medio millón de dólares, estamos orgullosos de Usted.
Algo golpea el escritorio desde abajo, el abogado se tira para atrás en su respaldo.
–Quería agradecerle expresamente y decirle en persona que le espera un buen y merecido aumento de sueldo.
–Haaa… qué buena noticia. Era ¡haaa! algo que esperaba. ¡Sí!
Un hilo de saliva le sale de la boca. Se acomoda de nuevo en la silla.
–Usted es un capital valioso para nuestra empresa, no deseamos perderlo por nada del mundo.
Pone una mano bajo la mesa y con la otra se seca los labios.
–Hum, aunque es un tipo algo extravagante y con métodos poco convencionales, estamos convencidos que es lo mejor que le pasó a nuestra compañía en los últimos cinco años.
–¡Ufff! Fue un placer… para mí trabajar en esta prestigiosa empresa.
Se dan la mano y el director sale de la oficina.
–Disculpe que no lo acompañe pero me duele la rodilla.
–No se preocupe.– Se despide con una sonrisa.
Por fin se va.
Debajo del escritorio está el cadete Carlitos en colaless morfándose la verga del prestigioso Doctor Hernán Domínguez.
–Putito hermoso, qué bien lo hacés, ponete sobre el escritorio que vamos a festejar mi aumento de sueldo.
El putito se levanta y se apoya en el escritorio ofreciéndole el culo lampiño y blanco al abogado.
–Hablando de aumentos, hace cinco años que vengo cobrando lo mismo.
–Verga es lo que cobrás vos, y te voy a dar hasta que te empaches. ¿Cómo te atrevés a pedir un aumento de sueldo? ¿No te conformás con lo que te doy? Desagradecido.
Se saca el calzoncillo y se lo pone en la boca a Carlitos para que lo saboree. Le baja el slip y se la mete de una. Violentamente lo sacude contra el escritorio. Es incansable el abogado Hernán. Por veinte minutos le da sin parar al culito del cadete, se lo deja todo estropeado y lleno de leche. Le saca el slip de la boca.
–Para que veas que soy bueno, hoy te voy a pajear Carlitos.
Con la pija todavía adentro del culo de Carlitos y bien erguida lo levanta del escritorio y lo para enfrente de la ventana de la oficina para pajearlo mirando las azoteas de Buenos Aires. Carlitos se convulsiona mientras la mano del abogado sube y baja por su caliente poronga. Sus huevos están por estallar. Cuando acaba un chorro de leche golpea los vidrios de la ventana.
–Ahora te toca lavar el vidrio con tu lengüita.
Carlitos chupa su propia leche de la ventana y la traga toda.
–Así, Carlitos, se obediente. Ahora limpiame la pija que está toda pegoteada.
El cadete cumple con la orden, tiene al jefe más exigente de todos, pero también al más calentón y potrazo que se pueda encontrar.

Pero Carlitos toma una decisión indeclinable cuando recibe su sueldo.
–Voy a renunciar, esto no puede seguir así. ¿Me rompo el orto laburando para cobrar esto? Encima se viene la feria judicial, va a tener tanto tiempo libre que de tanto hacerme el culo voy a necesitar un transplante. Mejor me las pico, le dejo la renuncia sobre la mesa y me voy a Mar del Plata, ahí voy a tomar el trabajo que una vez rechacé. La vida es una rueda, dice Fito.
Y Carlitos se fue. Al día siguiente Don Hernán descubre la nota al mismo tiempo que lo llama su señora.
–Sí amorcito. Ha, ¿viene tu mamá por unos días? Qué buena noticia.– Se muerde los labios.– Lástima, justo me salió un trabajo en Mar del Plata, hay problemas en el Casino de allá y me necesitan. ¿Cuántos días se queda “mamá”? ¿Dos semanas? Yo me voy… tres semanas. Sí… Te amo… Hoy salimos a cenar todos juntos… tu mamá también (es una bruja) es una divina.
A un prostíbulo de putos de La Feliz, llamado “Triple X”, llega Carlitos para trabajar. La única condición es que los muchachos se ofrezcan en shorts o eslips. Las luces coloradas y tenues excitan hasta al más frígido. Todos tienen un puto cerca para chuparle el culo o manosearle el bulto. Dieguito López está bailando en los caños, se aferra a uno y le pasa la lengua, sus piernas se entrelazan al caño y se deja deslizar, con el culo bien pegado al fierro. Un tipo alto de traje le pone unos billetes en el slip mientras le dice:
–Sos muy lindo. Quiero llevarte a casa el fin de semana, que te pasees en slip por mi parque y nademos juntos en la pileta. Pasar bronceador por todo tu cuerpo y acariciarte el cabello.
El tipo tenía una voz muy sensual. Y aunque no hablaba de sexo explícito a Diego le latía el culo y se le llenaban los huevos de leche.
El tipo sacó un billete de cien y se lo puso en la cintura, acercó su boca a la de Diego y le dio un tierno beso pasando su lengua por los labios y el mentón. Sus dedos tímidamente tocaron la superficie del culo a través del slip y se despidió.
–Voy a volver Diego.
Carlitos estaba atendiendo a dos clientes a la vez, tragando hábilmente ambas pijas. Cuando estaban por acabar se empezaron a pajear para lanzarle toda le lechita en la cara. Terminó empapado, y otro cliente lo llamó:
–Carlitos, tengo un amiguito que quiere meterse en tu culito.
–Ya vuelvo.
Se fue al baño a lavarse y se encontró con Diego. Después de tantos años, otra vez juntos, se abrazaron, se besaron, se manoseaban el culo.
–¿Te acordás de esto? Metémelo bien profundo.
Llaman a la puerta.
–Intercambiemos calzoncillos, después la seguimos.
–Estoy tan feliz de encontrarnos de nuevo.
El jefe del prostíbulo, un gordo sucio y abusador, los amenaza.
–A trabajar trolos, a vender, a vender. ¡Vamos!
Carlitos vuelve al bar y le toca sentarse arriba de un negro con una pija de 20 cm. El culo calza justo y sube y baja por la verga hasta que se llena de leche y le hace largar unos grititos al negro.
Diego López va a una habitación donde lo espera un cocinero de barco de unos 120 kilos. Se tiran en la cama y el tipo queda encima para ensartarlo. Empieza a cogerlo pero Diego López no suelta ni un jadeo.
–¡Dame más, que no siento nada!
–Ha, ¿no? ¿Y ahora? –el tipo embiste con más fuerza que antes, como para destrozarle el culo.
–Todavía no siento nada, ¡nada!
El tipo se vuelve como loco.
–Te voy a destruir el culo, 20 puntos de sutura te van a dar.
Le revuelve la verga dentro del orto, le entra con todo el peso de su cuerpo.
–¡Haaaaa! ¡Haaaa! Va queriendo, pero todavía no la sientoooo…
–¡Haaaaa! ¡Hijo de puta! ¡Cómo me gusta darte, puto!
Prácticamente rompe la cama de tan brava cogida, larga la guasca y se queda profundamente dormido.
–Buena pija gordito, pero voy afuera a buscar más.
–Diego, teléfono para vos.– Dice el jefe del prostíbulo.
–¿Hola?
–Hola Diego, soy yo otra vez. Te estaba pensando, te aprecio mucho. Sos un joven que me llega muy profundo en el alma.
Diego se agarra el slip por adelante, está húmedo.
–Hacés que me moje todo. Qué voz suave pero potente que tenés.
–Podríamos hacer muchas cosas juntos, Diego. Puedo acariciarte, pasar mi aliento por toda tu piel, enlazar nuestras lenguas, morder tus pezones muchas veces hasta que acabes.
–¿Cómo es tu nombre?
La mano de Diego se agita dentro del slip de Carlitos.
–Mi nombre es Horacio, vendo caballos de carrera al exterior. Y vos tenés alma de caballo Diego, yo de domador. Voy a agarrarte de las crines y te voy a domar, pero lo voy a hacer tan despacio que cuando te des cuenta, vas a ser sólo mío. Mío, Diego.
Cortó. La mano de Diego estaba mojada de lechita caliente y su cuerpo sufría los espasmos de un orgasmo.
Mientras tanto a Carlitos le tocaba bailar sobre el escenario, cuando vio entrar al puterío a un potrazo en shorts. Al principio no lo reconoció, hasta que lo tuvo más cerca. Era el abogado.

¡Ho no! Venía huyendo de él y lo venía a encontrar justo ahí, en pleno trabajo. El culo de Carlitos empezó a achicarse de puro miedo. Si se sigue acercando lo va a reconocer y le va a dejar el culo tan mal que no va a poder ejercer la profesión nunca más en su vida. Carlitos quiere escapar del escenario pero el dueño del lugar lo detiene.
–¿Qué hacés?
–Voy a ponerme pantalones, está haciendo frío.
–De qué hablás, hace como 40 grados, a la pista a conseguir gatos. Se trabaja en shorts, o slips o nada…
Carlitos sigue en el escenario, Diego se le suma también.
–Diego, mirá quién está ahí.
–Huy, el Doctor Hernán, mirá cómo le queda ese short, es tremendo el pedazo que tiene.
–Por favor Dieguito, te lo pido, hacé lo que sea para que te elija a vos, yo no puedo, me tiene aterrado Hernán. Lo amo y se me hace agua la boca, pero me estropea, si me agarra no voy a servir más.
–Carlitos, voy a hacer lo que pueda.
Diego López se pone de espaldas al público y contonea el culo de un lado al otro, uno de los espectadores sube para colgarse de él y mordérselo. Lo saca uno de los patovicas y el abogado Hernán se acerca con la pija alzada cuando ve que sus putos favoritos están arriba del escenario.
–¿A cuál de los dos quiere?
–A los dos, en la mejor habitación.
Diego y Carlitos son llevados a la habitación y esperan al abogado, uno asustado, el otro impaciente.
Por fin llega, siempre al palo, saboreándose de antemano.
–Carlitos, qué sorpresa encontrarte acá. El mundo es un pañuelo. Y a vos Diego, después de tantos años no te olvido, espero que vos tampoco de mí.
–Todavía guardo el slip que usaba como ropa de trabajo, lo pongo debajo de mi almohada y sueño con Usted toda la noche.
–Ahora pónganse muy cachondos entre ustedes así elijo a cuál le rompo el culo.
–Diego –le dice Carlitos en voz baja– que te elija a vos, ayudame.
–Vos seguime la corriente.
Diego está al palo y saca la poronga de Carlitos del slip para espadear un rato mientras se miran a los ojos. Diego se sienta en la cama y le pide a Carlitos que se arrodille. Carlitos obedece y le besa los huevos. Mientras le pasa la lengua por el tronco y la húmeda cabeza, Diego no ahorra en suspiros. El abogado no aguanta y se baja el slip para agarrarse los huevos y dejar libre su dura y enorme pija. Carlitos abra la boca bien grande y se devora la verga de Diego.
–Carlitos me vas a hacer acabar, mostrame tu culito.
Carlitos se baja el slip y Diego procede a morfárselo, toda su lengua dentro del culo dando vueltas, dejándolo bien preparado.
–Diego, ¿me estás ayudando o me estás entregando?
–Esperá un poco.
El abogado está al rojo vivo. Diego y Carlitos forcejean en la cama y terminan haciendo un espectacular 69. Y ahora un 70. Diego vuelve a devorar el orto de Carlitos, lo pone en cuatro y se prepara para cogerlo.
–¡Basta Diego! ¡No lo hagas!
El abogado le agarra la pija para detenerlo y con sacudirla un poco lo hace acabar manchando el culo de Carlitos de leche calentita.
–Diego, sos un depravado sexual, peor que nunca, peor que yo, no aguanto más, tengo que sacudirte.
Lo pone de espaldas contra el colchón y le levanta las piernas sobre sus hombros para empomarlo. La pija del abogado entra en el culo de Diego López.
–¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha!
–¡Haa! ¡Haa! ¡Haa! ¡Haa!.– Diego la siente entrar, toda entera.
Carlitos se levanta sigilosamente mientras Hernán la entierra a todo vapor. Se acerca a la puerta para salir y mira como semejante verga entra y sale de ese culito peludo. Ambos están con los ojos cerrados, jadeando, alimentando la calentura con sonidos, olores y besos. Carlitos no logra salir, empieza a pajearse ahí mismo.
Entra el dueño del prostíbulo con un celular.
–Es para Diego, –le dice a Carlitos– preparate que hoy te garcho.
–Hola.
–Hola, soy Horacio, conseguí un caballo para Diego.
–Creo que Diego ya encontró a su caballo.
Y desde la cama se escuchó.
–¡Haaaaaaaaaaa!
Ahora sí que entró toda.

Diego Lopes
PD: Si te perdiste la Primera Parte,

http://culodiegocalzoncilloshoracio.blogspot.com/2005/11/abogado-del-diablo.html

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: