Cuando Diego conocio a Carlos



Un texto de: Dieguito López, Putito Incansable, Culo Disponible, Boquita Golosa -Experto en Literatura Anal y Garcha.
diegomotion1@yahoo.it
Fotos de; Horacio, puto serio y veterano si los hay.
calzoncillosquearden@gmail.com




Diego es un rebelde sin causa. Acaba de pintar en una de las paredes de la Comisaría de Berazategui un grafiti con estilo Hip-Hop que dice “¡Son todos trolos!”. Ahora guarda el aerosol en su mochila negra “Homenaje a Los Piojos” y planea pasar por el frente de la comisaría, impune.
Allí se encuentra con un policía de uniforme azul marino y algo le llama la atención. El uniformado hace guardia en la puerta. Debajo de la gorra unas patillas asoman con algunas canas plateadas que el sol hace brillar. Su ropa se ajusta perfectamente a un cuerpo alto y tallado. Tiene un perfil recio y abultada entrepierna.
-¿Puedo sacarte una foto?- pregunta Diego preparando la cámara de su celular.
El policía mira siempre al frente, pero acepta que Diego le saque unas fotos. Primero desde el pecho hacia arriba. Otra de perfil, sólo la cara. Otra de cuerpo entero y la última al bulto debajo del cinturón brillante.
Diego se va contento y le manda un mensaje de texto a su amigo Horacio: “No sabés el tipazo que acabo de fotografiar. Va a quedar bárbaro en el blog”. Dentro de dos horas voy a un partido de rugby a sacar más fotos.”
Luego de comer un pancho en la peatonal y unas garrapiñadas de postre, se sube al tren hasta Plátanos, donde será el partido. Llega hasta la cancha y comienza a sacar fotos. Los cuerpos están sudados e hinchados de músculos. Cada enfrentamiento entre los dos equipos, cada choque de cuerpos y cada roce excitan más y más a Diego. Su cámara apunta directamente a los miembros y culos de esos jugadores. Entonces empieza a enfocar a uno en particular y se da cuenta de que ya lo fotografió antes.
-Miguel, el número cinco ¿no es policía?
-Sí, es. Se cambió el uniforme acá porque trabajó esta mañana. Se llama Carlos.
Y su nombre hizo eco en el cerebro de Diego hasta quedar atrapado en una neurona gorda y jugosa.
-Decile que quiero fotografiarlo después del partido.
Terminó el partido y todos fueron a las duchas. Diego esperó a que salieran.

Sólo Carlos quedó adentro, esperándolo. Vestía únicamente con su slip blanco.
-Estoy listo para las fotos.


Carlos era muy fotogénico y en cada pose que se ponía salía bárbaro. Su cuerpo despedía deseo y seducción. Jugaba con la mirada, mordía sus labios. El único que fallaba era Diego que no podía mantener el pulso cuando enfocaba al bulto de Carlos y notaba que se agrandaba cada vez más. Cuando Carlos quedó totalmente al palo Diego no pudo sacar más fotos.
-Ya está, fueron suficientes fotos.
-¿Seguro?- inquirió Carlos.
-Sí, estuvieron muy bien, ya debo irme.
-Pero esperá. ¿Y qué gano yo?
-Cuando publique las fotos, el respeto y la admiración de todos. Eso seguro.
-Pero vos, ¿qué me vas a dar por las fotos?
-Yo… ¿sabés lo que te daría a vos…?
La poronga de Diego se agita en su slip. La piel le quema y no soporta la ropa que lleva puesta.
-Acercate y mostrame qué me darías- le pide Carlos.
Diego se acerca a paso lento. Dudando. Cuando se encuentra a diez centímetros de Carlos no puede soportar más la tentación y cae de rodillas, con la cara pegada al bulto de Carlos.
-Yo por tus fotos te haría un pete como para que no lo olvides nunca en tu vida.
-Vas a tener que hacer más que eso. Por ahora chupame el calzoncillo.
Diego obedece y su lengua se pasea por los contornos más obvios que la pija de Carlos genera en el bello slip. Pronto su boca va encontrando los mejores sitios para sobar y hacer gozar a su recién conocido macho. Su cabeza se mueve arriba y abajo mientras Carlos apoya su mano sobre la nuca de Diego haciéndole saber que lo está haciendo muy bien.
Los gemidos de Carlos van en aumento al tiempo que la lengua de Diego encuentra nuevos sabores en el slip por las primeras gotas del líquido preseminal de la verga de Carlos. Tanto estímulo lo obliga a desvestirse rápidamente, sin apartar demasiado su boca del calzoncillo de Carlos. Sin dejar de chuparlo, besarlo, morderlo y masajearlo. El cuerpo de Carlos tiembla y Diego se aferra a sus piernas con más fuerza. Un chorro caliente surge en la tela del calzoncillo, color blancuzco. Las exclamaciones de Carlos excitan la lengua de Diego que no para de chupar esa leche absorbiendo cada gota de la fibra de algodón.
-Dame tu pija.
-Si vos sos un buen puto te la voy a dar. Ahora limpiame bien el calzoncillo.

Diego lame el calzoncillo de Carlos.
-Así se hace mi puto, ahora te voy a dar mi pija para que la limpies de leche.
Carlos se baja el slip lentamente mostrando en toda su extensión su pija a Diego, que la toma incrédulo entre sus manos. Empieza apoyando la punta de la lengua en la punta de esa verga para comenzar a sentir su sabor. Choca con una gota de leche, su lengua se resbala por el glande realizando una circunferencia de reconocimiento y de saliva. Luego recorre todo el tronco hasta los huevos, que besa con ternura y reverencia por la cantidad de leche que pueden darle. La prueba de fuego será tragarla. Abre grande la boca y entra la cabeza, cierra por acto reflejo pero con suavidad sigue entrando el resto de la poronga. La saliva inunda su boca para lubricar todo el pedazo y empieza a moverse para arrancarle otro chorro de guasca.
Carlos siente como su pija va encontrando un lugar en la boca de Diego, un lugar seguro, cálido, muy húmedo y placentero. Sus labios le masajean los costados de la pija mientras la lengua juega con su glande generándole olas de goce.
-Te la ganaste Diego, ahí viene mi leche.
La leche de Carlos brotó a chorros, uno a la garganta directo, otro a los labios que se iban alejando y otro al pecho desnudo de Diego que saboreaba y se deleitaba con el espectáculo de esa pija acabando mientras escuchaba los gemidos de Carlos, exagerados, tremendos, excitantes.
Diego arremete de nuevo con su boca para extraer las últimas gotas. Carlos lo detiene, lo empuja hacia arriba para tenerlo frente a frente y darle un beso apasionado. Enseguida lo da vuelta para abrazarlo de atrás y apoyarle el miembro en el culo.
-Tu culo me está pidiendo que me lo coja. ¿Querés que lo haga?
-Mi culo está latiendo por comerse tu pija. Yo también la quiero adentro. Es lo que más deseo en este mundo.

Diego cierra los ojos, esperando el momento incierto en que se la clave. Pero ese momento no es hoy.
-Voy a ducharme de nuevo Diego. Si querés podés fotografiarme en la ducha.
Carlos lo suelta y se saca el slip para ducharse. Se lo tira a Diego que lo ataja y se lo pasa por el pecho, lo huele, lo besa y lo guarda en su mochila. Luego toma su cámara y persigue a Carlos tomándole fotos a su hermosa y envidiable espalda y a su redondo trasero. Carlos abre la ducha y el agua navega por su piel brindándole un halo de frescura e irresistible sensualidad.
Diego deja la cámara de nuevo en el suelo y va detrás de ese culo. Lo besa y sin pensarlo le mete la lengua y la pasea por todo el culo como si con esa acción pudiera poseerlo, apoderarse de él. Carlos se deja chupar el orto mientras la lluvia le da en la cara. Diego enloquece de lujuria, sigue moviendo su lengua en ese hoyito de placer mientras se hace una buena paja. Su boca se abre grande para tragarse todo el culo de Carlos pero se ahoga con el agua de la ducha. La lengua se mueve de arriba abajo y en círculos. La leche de su pija sale expulsada contra los azulejos y se escurre rápidamente.
Diego consiguió las fotos y el teléfono de Carlos, pero ahora estaba obsesionado por ser cogido por ese macho. Pero no era esa su única obsesión. Porque él odiaba a la policía, había pasado años en el reformatorio por robo, pero su único delito era ser cleptómano, una reacción involuntaria de sus manos ante objetos que no le pertenecían y que tuvieran un valor simbólico grande. Es así como se llevó la gorra de Carlos sin que él se diera cuenta. Pero como ya se sabe, el ladrón siempre vuelve al lugar del crimen.
A la semana siguiente Diego seguía con sus pintadas. Pasó de nuevo por la comisaría y vio que habían tapado su grafiti pintando la pared de nuevo. Su obra de arte ultrajada. Se enfureció. Se bajó los pantalones y se masturbó nerviosamente.
-¡Rápido! que viene gente- le decía a su pene.
Su pija roja le latía en la mano. En lo único que podía pensar era en los calzoncillos de Carlos, cómo se humedecían de rápido cuando él acabó y lo sabroso que era chuparlo de esa manera.
-Haaaaaa…
Su leche manchaba ahora la pared recién pintada. Estaba listo para hacer su grafiti. Se acomodó los pantalones y tomó el aerosol de su mochila. Antes de que pudiera escribir “LA” llegó Carlos y lo detuvo.
-Así que sos vos el de los grafiti.
-¡Soltame Carlos!
-Vas a pasar un tiempito en el calabozo.
-¡No! Dejame ir.
-Vos no vas a ningún lado. La vas a pagar por robarme la gorra. ¡Hijo de putas!
Carlos se lo llevó como pudo hasta dentro de la comisaría. Tanto forcejeo y roce lo habían excitado, pero tenía que cumplir con su deber. Abrió la puerta de la celda y dejó a Diego adentro.
-Carlos, la tenés parada. Dejame que te tire la goma y soltame. Nadie me vio, vos estás solo acá.
Carlos hechó un ojo a la celda de enfrente donde estaba el Oso López.
-¡Aceptá los $1000 que te ofrecieron y liberame forro!
-Yo soy policía pero honrado.
-Carlos, yo te amo.
-No puedo confiar en vos Diego. Sos peligroso.
Diego se abalanzó sobre Carlos y lo besó. Carlos lo abrazó y el beso se extendió, profundizó en lengua y tenía sabor a enamoramiento. Mientras las manos de Diego desajustaron el cinto del pantalón y lo bajó al suelo, al tiempo que se quedaba con las llaves de Carlos y las escondía en su bolsillo.
-¡Puto, hijo de puta! ¡Qué culo que tenés carajo!- aulló el Oso López.
La pija de Carlos salió por la bragueta de su boxer y Diego la tomó con su boca.
-Mis amigos van a venir, me van a sacar y te voy a matar- gritaba Oso.
Diego ya tenía las llaves y podía irse, pero algo lo retenía a esa pija. La sacudía con su lengua mientras Carlos agitaba su cintura.
-Haaaaa… ¡Carajo! Haaa, seguí, seguí.
En la mirada de Carlos estaba la boca de Diego chupando una pija que entraba y salía totalmente lubricada y gruesa. En la mirada del Oso estaba el boxer de Carlos que se zarandeaba como una burla. Su mano se metió en su calzoncillo y sus gruesos dedos agitaban con golpecitos su glande.
-Te voy a matar Carlos. ¡La puta! Ha. Ha. Ha.
Carlos no escuchaba nada, sólo su respiración agitada ante la inminente acabada. Sus huevos se retorcían, no podía aguantar más. Tomó con firmeza la cabeza de Diego y la enterró toda hasta sentir los labios en la base de su pija. Diego intentó irse para atrás pero en un segundo su boca se llenó de leche que tragó al unísono. Cuando dejó de tragar leche volvió a respirar. Carlos lo soltó. Enseguida se oyó como un trueno y todo tembló. Un camión entró a la comisaría derribando paredes. Eran los amigos del Oso.
-¡Sáquenme que lo mato!
Bajaron del camión disparando a Carlos que logró escapar por la puerta trasera, perdiendo los pantalones en el camino. Llegó hasta la patrulla pero no tenía las llaves. Al segundo llegó Diego y se las arrojó.
-Ya lo soltaron al Oso, dice que quiere matarte.
-¿Qué hacés acá?
-¡Vamos rápido!
Subieron y arrancaron. El camión no tardó en alcanzarlos y darle varios topetazos al auto hasta abollarlo todo. Carlos pidió ayuda por radio y una veintena de patrullas seguían ahora al camión que seguía a Carlos y a Diego. El camión se puso a la par de la patrulla y le dio un golpe que la sacó del camino haciéndole dar dos giros completos hasta quedar detenida y averiada. El camión siguió y los otros vehículos detrás hasta perderse en el horizonte.
-¿Estás bien?
-Sí.
-La ayuda va a tardar en llegar. La radio está inútil y estamos en medio del campo.
-¿Qué vamos a hacer?
Carlos se miró en calzoncillos.
-Voy a terminar lo que empecé.
Entre abrazos, chupones y manoseos se fueron desvistiendo dentro del auto hecho chatarra. El culo de Diego se ofrecía como la flor más bella en la inmensidad del campo desierto. La verga de Carlos era un aguijón preparado para inyectar su cura milagrosa.
-¡Ho! Diego. Te debía esta culeada.
Su poronga entró en ese culo como un cohete en la atmósfera, hipercaliente. El ano de Diego ansiaba tanto esa carne que no ofreció resistencia.
-¡Carlos, cómo me calentás! Tu pija es grandiosa.
La pija de Carlos había llegado hasta el centro de Diego. Ahora le tocaba moverse dentro. Sus huevos se agitaban afuera rozándose con los huevos de Diego.
-¡Ha! ¡Así! Machito. Hacé papilla a este putito.
-Diego puto, aullás como perra. ¡Ho!
-Tu verga me hace feliz. ¡Cabrón!
-¡Ho, ho, ho! ¡Tomá Puto!
-¡Haaaa! ¡Soy tuyo Carlos! Soy todo tuyo.
-¡Hoooo! ¡Sí! ¡Toda mi guasca es tuya!
-¡Haaaa!
-¡Haaaa…!
Los cuerpos sudaban pegoteados. Desde las profundidades del pene de Carlos un río hirviente de leche iba ascendiendo por el canal. Encontró la salida entre las exclamaciones de los dos machos que cogían y amamantó el culo de Diego que no dejó escapar ninguna gota.

–¿fin?–

http://espanol.groups.yahoo.com/group/machosenshortsboxersslips/

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