Se llamaba Juan Carlos


Un texto de: Martín
mailto:tinchosan1980@yahoo.com.ar
Con fotos de: Horacio.-
mailto:horaciocalzoncillo@yahoo.com

Mi historia sucedió en Enero del 2002. Sebastián y yo habíamos ido por primera vez a un sex-club de Buenos Aires, para conocer, saber qué era, porque sabíamos que pasaban cosas interesantes allí. En realidad yo no tenía muchas ganas de ir, no me gustaba mucho la idea de tener sexo porque sí con alguien que no conocía, ya que hasta entonces solo había tenido relaciones con novios; había ido más que nada porque él me había pedido que lo acompañara.
Entramos, pagamos y bajamos a una especie de subsuelo muy oscuro, las únicas luces que tenía eran fluorescentes y eran pocas. Y apoyados contra una pared nos pusimos a ver qué podíamos ligar: no había mucha gente que me gustara, debo reconocer que soy bastante exigente y además no tenía muchas intenciones de hacer nada con nadie. Pero nos dimos cuenta que había un muchacho, con un short que dejaba ver un culo bien redondo y una remera bien ajustada que dejaba ver un cuerpo trabajado en el gym: muy lindo pibe. Comentábamos lo lindo que era, aunque a Sebas no le parecía tan lindo. Nos dimos cuenta de que nos estaba yirando, porque pasaba una y otra vez enfrente de nosotros viéndonos, o para que lo viéramos. Y realmente llamó nuestra atención.

Pero realmente no tenía ganas de estar ahí, me sentía incómodo y me fui arriba, donde había una barra y me puse a mirar una película porno-gay que estaban pasando. Sebastián se había quedado abajo, él sí que tenía muchas ganas de que pasara algo. Luego de un rato, volví a bajar, era estúpido estar ahí, al fin y al cabo había pagado para pasar un buen rato, ¿no?
Fue cuando bajé que pasó lo más interesante. Apenas bajé me lo encontré a Sebastián que con picardía en la mirada, me tomó de las manos y me dijo: “Vení, ahora te toca a vos”. No entendía de qué estaba hablando:
—¿Pero qué pasa?
—Te está buscando – me dijo.
—¿Quién?
— Ese que te gustaba, preguntó por vos.
—Pero estuviste con él.
—Si, la pasé genial, ahora te toca a vos
Me decía mientras me llevaba de la mano hasta donde estaba “él”, en un lugar apartado y oscuro.
Sabía de quién se trataba y cuando llegué me encontré con que “él” se había sacado la remera y estaba en calzoncillos. Sin decir nada lo besé (me sorprendió mi propia actitud de ir de frente), lo abracé, lo toqué todo lo que pude, pero qué sorpresa cuando metí la mano dentro del calzoncillo, ¡qué pija descomunal! ¡qué grosor! ¡qué tamaño! Caí arrodillado frente a su verga dura y bien erecta, tenía que abrir bien la boca para meterla y nunca pude meterla toda hasta el fondo, de semejante tamaño. Él no se quedó atrás, también bajó para chupármela todita toda, y se notaba que lo había con ganas, como si estuviera liberando en mi pija inmensas ganas acumuladas de mamar pija.

Estuvimos chupándonos mutuamente durante largo tiempo. Noté que se volteaba para que le apoyara mi pija en su ano: y yo lo hacía con mucho gusto, porque hacer eso me encanta y porque veía cómo se ponía cuando lo hacía. Apoyar mi pija sobre su culo, redondo, carnoso y jugoso me hacía levantar temperatura, hacía que mi cuerpo se pusiera caliente y él lo podía sentir, se ponía bien cachondo. Notaba que él sentía deseos de ser penetrado, que lo que le estaba haciendo lo ponía loco. Mientras lo hacía nuestras lenguas se buscaban con ansia, nuestra saliva pasaba de boca en boca mientras yo le masturbaba semejante poronga dura y gruesa. No hubo tiempo para penetración, era tanto el fuego que había que acabamos sin más, no pudimos aguantar y mojamos una de las paredes con nuestro semen que terminó desparramado por todo el lugar.
Al terminar, con sonrisas en nuestros labios nos limpiamos, nos besamos, me miró y me dijo:
—Te hiciste desear eh!
Perplejo le pregunté por qué:
—¿No te dabas cuenta que te buscaba a vos? – dijo.
—¿A mí? Pero si también estuviste con mi amigo – inquirí.
— Si – me dijo – pero en realidad él no me gusta, lo hice para que me hiciera gancho con vos…
Y sonriendo me agarró la cabeza y me enchufó un beso metiendo su lengua dentro de mi boca. Nos fuimos arriba, a la barra a tomar algo, me dijo que se llamaba Juan Carlos. Seguíamos besándonos sin parar, tocándonos, chupándonos las tetillas, el cuello y todo lo que pudiese ser chupado… sin llegar demasiado lejos, por estar a la vista del público.
Pero teníamos ganas de más, nos dábamos cuenta de que nos gustábamos mucho y de que queríamos seguir haciendo “cositas”: nos metimos en uno de los cubículos del baño. Los baños estaban abajo y no éramos los únicos que los usábamos para divertirse.
Nos besábamos mientras nos desnudábamos, tomé con fuerza esas dos pelotas inmensas entre mis manos, eran lindas, lampiñas, mientras que mi cadera iba adelante y atrás para sentir mi pija chocar contra la suya, que estaba bien dura. Me encantaba sentir el grosor de su pija chocando contra la mía, sin ningún impedimento, porque nuestros slips estaban por el suelo.
Instintivamente llevé uno de mis dedos a la raja de su culo, y al tocar el ano, Juan no pudo evitar largar un gemido que me súper excitó tanto que mi lengua literalmente penetró su boca. Me encantaba sentir su lengua caliente jugueteando con la mía y su saliva por mis labios. Tenía un ano lampiño y blandito, se notaba que estaba acostumbrado a ser penetrado, porque uno de mis dedos entró con mucha facilidad sin necesidad de saliva o lubricante.
Me di cuenta enseguida qué era lo que él quería: nos chupamos las tetillas, las pijas, los huevos, la temperatura empezaba a subir cada vez más y él se dio vuelta para que le apoyara mi pija en su culo, le encantaba. Ese culo me fascinaba, era hermoso, bien redondo y trabajado en el gimnasio, no resistí la tentación y me agaché para morderlo, lamerlo, sentir cómo gozaba cuando mi lengua rozada su ano
Mi pija se puso dura de la excitación, tanto que parecía que adquiría un tamaño mayor al normal, parecía que ya no podía dejar paso a más sangre, estaba al palo; tan excitado me ponía ese pedazo de carne que era su culo que sentía que iba a eyacular en cualquier momento, pero trataba de evitarlo, para poder coger, penetrar ese hermoso culo que Juan Carlos me estaba ofreciendo tan gustosamente. Le encantaba que pasara mi lengua por su ano, tanto que de a momentos él movía su culo hacia atrás para que mi lengua entrara dentro.
Mi pedazo estaba ansiando penetrar, sentir el interior de ese culo hasta donde mi lengua no llegaba, me levanté, lo apoyé sobre su culo y lo sobé sobre su ano hambriento, noté que Juan deseaba ser penetrado; sentí que la punta de mi pija empezó a entrar con mucha facilidad dentro suyo. Una excitación inmensa subió desde la punta de mi pija por todo mi cuerpo, deseaba con todo mi ser sentirla apretada por ese culo fogoso y sediento de pija. Pero no quería penetrarlo sin preservativo, la saqué, me calcé uno, él se sostuvo apoyando una sus manos contra una de las paredes, y con la otra separando sus nalgas para dar paso a mi palo duro y caliente.
Cuando lo penetré, el calor se hizo intenso, el fuego y el éxtasis invadieron mi cuerpo. El calor del verano porteño y el de nuestros cuerpos hicieron que empezara a sudar en cantidad, mi cuerpo se iba mojando cada vez más, mientras lo iba embistiendo, le encantaba, y me encantaba ese momento. Estuvimos muchos minutos así, cogiendo, sudando. Lo tomaba de la cintura empujándolo hacia mí para que la penetración fuera más profunda. Era intensa. No podía creer que me estuviera cogiendo un culo tan maravilloso, no podía creer que mi pija estuviera tan dura. Empecé a acelerar la velocidad, estaba excitadísimo, ese culo me proporcionaba un placer exquisito, sentía como mis bolas empezaban a descargarse y el semen subir por mi pene, no quería eyacular, pero era inevitable, la excitación era extrema.
“Acabo”, le dije a Juan y él empezó a acelerar la velocidad de su paja para acabar junto conmigo. El preservativo quedó lleno de mi leche, hasta que mis huevos se vaciaron y él acabo igualmente mucha cantidad de leche. Estábamos exhaustos, nuestros cuerpos estabas sudados y muertos de calor, pero había tenido una de las mejores cogidas de mi vida.
Luego de aquello, nos lavamos, nos besamos. Se notaba en nuestros rostros mucha satisfacción. Él me dio su número de teléfono y quedamos en repetir la experiencia.
Por supuesto que nos volvimos a ver, pero eso será tema de otro relato…

3 Responses to “Se llamaba Juan Carlos”

  1. Cachondisimo termine sudado jajaja

  2. NO MUY COPADO EL TEXTO
    BUENISIMAS LAS FOTOS!!!

  3. Anonymous Says:

    termine antes de terminar de leer jaja

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