Después del cafecito

Una experiencia de Mariano

Texto: Mariano – Fotos: Horacio

—¿Sabés si este colectivo me deja en Congreso?
—Depende donde vos quieras ir.
Ese fue el comienzo de la conversación con ese pendejito de 23 años que conocí en la calle Sta Fe y Ascuenaga. Era muy machito y varonil, bajo de estatura y cabello bien corto. Vestía unos estupendos shorts, una remera y zapatillas. Su forma de caminar era muy canchera pero tenía algo de inocente y muy masculino en su forma de ser. Su rostro era de piel blanca, algo de bigotes, de labios medianamente gruesos y atractivos. Sus ojos eran picaros y su forma de mirar era compradora.
Lo invité a tomar un café y aceptó pero en ningún momento hablamos de sexo. Me dijo que no tenía novia. Después del café salimos y yo decidí no hacerme más fantasías con el machito.
—¿Adónde vas? me preguntó
— A mi casa- ¿y vos?
—Yo tengo que ir a la casa de un amigo pero te acompaño un rato.
Seguimos caminando y yo ya estaba un poco nervioso. No sabía que hacer, si llevarlo a mi casa o no. Le miraba los shorts, la cara, las piernas, y a cada segundo me ponía más al palo. Aunque tenía miedo de que me saliera con un martes trece. Y estos chonguitos siempre son un peligro porque o te piden plata, o después te asaltan y a pesar de que este no parecía peligroso le tenía desconfianza igual.
—Voy a ser muy directo con vos porque no me gustan las sorpresas. Me gustan mucho tus shorts, tu cuerpo, me calentás vos. Pero… ¿vos lo hacés por la guita?
—Noooooo por favor. Me sentiría muy mal si me tuvieras que pagar.
—En ese caso ¿te gustaría venir a mi depto?
— Síii, encantado de la vida
Llegamos y mi teléfono estaba sonando, lo atendí y era un amigo mío pero enseguida corté. Federico —así se llamaba— estaba en el living, en calzoncillos, hojeando una revista de cablevisión y cuando dejé de hablar por teléfono vino hacia a mí y se sentó a mi lado y me dio un chupón alevoso que me dejó loco. No podía despegar mi lengua de su boca. Nos besamos frenéticamente y en un momento me preguntó si podía pasar al baño.
Agarré su cuño duro como un fierro por la bragueta de su calzoncillo. Yo le sugerí ducharse y aceptó inmediatamente. Yo empecé a preparar la cama con mucha alegría. Iba a estrenar mi nuevo sofá cama de 2 plazas con un pendejo divino. Puse el juego de sabanas nuevo y armé la cama, acomodé la iluminación y me preparé a disfrutar del sexo con esa piel tan joven y tan tersa. Los espejos de toda la pared me iban a dar la más perfecta imagen de lo que íbamos a hacer y yo ya estaba con todo mi eslip mojado por la excitación.
Cuando entré en la habitación, me estaba esperando en su hermoso y varonil calzoncillo y a través de él pude apreciar su bulto prominente. Me abrazó y empezaron los besos interminables, tenía una lengua deliciosa y me lo quería comer en cada lengüetazo que nos dábamos.
Seguimos un buen rato franeleando y chuponéandonos en calzoncillos y yo sentía su hermosa verga tan dura como el acero y pegada a su panza por la erección que tenía. Eso me calentó mucho más. Empecé a besarlo por todo el cuerpo y a escuchar sus gemidos de placer. Mis labios llegaron a sus testículos y en cada lamida gemía y yo gozaba también verlo gozar. Mis lamidas pasaron por la bragueta de su calzoncillo hasta su tronco hasta que llegaron al glande y a su prepucio. Suavemente le di besitos poco a poco y lentamente me fui introduciendo su pija en la boca hasta que me llegó hasta el fondo de la garganta. Él, sin sacarse el calzoncillo, me pedía que no me la sacara de su boca.
—Que hermosa lengua que tenes! Cómo la chupas! No dejes de chuparmela, papito! —me decía mi pendejito con su pija bien dura. Yo también estaba en eslips y sentí su mano metiéndose bien fuerte en mi culo.
Súbitamente le dije que se diera vuelta que le quería chupar el culo. Cuando se dio vuelta pude apreciar su hermoso cuerpo que, sin ser el de un físicoculturista, era hermoso y armónico. Le besé el cuello, le bajé el calzoncillo y suavemente le pasé la lengua por toda la espalda hasta llegar a la raya del culito que me esperaba ansioso y moviéndose de placer. Mordí un cachete primero y después el otro y besé despacito cada centímetro hasta llegar a su recto. Lo levanté un poquito e introduje mi lengua en su recto con lamidas suaves y mi pendejo se retorcía de placer.—
—Que lengua, papá! —me decía, pero yo estaba más concentrado en su culo. Se lo lamí, besé, chupé hasta que no di mas y él seguía ahí quietito, gozando indefenso con la colita parada.
Me recosté y él siguió besándome hasta que me dio vuelta, me arrancó el eslip y empezó a chuparme el culo. Cada lamida me hacía poner la piel de gallina y me hacía gozar terriblemente. Posó su lengua en mis bolas y yo no daba más.
—Para papá que me vas a hacer acabar y todavía no quiero- le dije.
Nos revolcamos nuevamente en la cama y seguí chupándole la pija que es lo que más le gustaba y con la lengua volvía a su culo. Él alababa mi orto y me decía que me quería coger… yo, al ver esa pija tan dura, me la quería tragar toda.
—Voy a acabar pajeándome porque si te la pongo ya, termino en 2 segundos- me dijo.
Yo lo empecé a besar y empezó a acabar con 5 chorros de semen interminables.
Mi placer fue tan grande verlo acabar de tal forma que lo besé sin parar hasta que se levantó para lavarse. Fue al baño, volvió con su calzoncillo puesto y tomamos un vaso de Coca.
Yo estaba en el living, también me había puesto de nuevo mi eslip y él vino hacia mí. Yo estaba sentado en el sillón rojo de pana frente al espejo ahumado que tengo en el living y entonces él vino y se sentó sobre mis pienras. Nos miramos y nos besamos nuevamente mientras nos mirábamos nuestros cuerpos en calzoncillos en el espejo.
El se calentó nuevamente y como yo no había acabado todavía seguimos con nuestra sesión sexual. El se subió encima del sillón como para que yo le chupara la pija en una mejor posición y nos pudiéramos ver en el espejo. Después lo senté en el sillón y le hice abrir las piernas hasta que me mostró su culo y se lo chupé ávidamente.
Después me dijo que me quería coger y entonces nos fuimos a la cama. En la habitación, el espejo reflejaba todo lo que estaba pasando y a mí me parecía un sueño pero era realidad. Su pija estaba dura como el acero y entonces empezó la penetración que lo hizo con mucha destreza y arte. Me puso en distintas poses y cogimos como los dioses. Empezó a embestir cada vez mas fuerte hasta que yo sentía que estaba por acabar y empecé a masturbarme y él embestía con mas fuerza. Me voy, me voy me voy y nos fuimos los dos casi simultáneamente. Quedamos en volver a vernos pero no apareció más.

Mariano
yorsitoblanco@yahoo.com.ar

One Response to “Después del cafecito”

  1. mmmmm

    q chidos relatos espero y pongan
    nuevos

    me calientan mucho jjj

    bexos

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