PAPI HACEME ARDER

Texto: Andrés – Fotos: Andrés y Horacio

La historia que quiero contarles es una de las más ardientes fantasías que viví. Les advierto que el morbo tiene un papel protagónico en lo que voy a relatar y además les aseguro que fue verdadera.
A Ricardo lo conocí por medio de Internet. Como casi siempre, me di un tiempo de más o menos un mes para llegar a conocerlo.
Su situación era una de las mejores, un tipo que estaba casado, de más o menos 40 años, tapado. Tenía todas las garantías para pasarla bárbaro y sin ningún tipo de complicaciones tan comunes en los pibitos de 20 y tantos.
Acordamos encontrarnos una tarde en un bar céntrico de Santa Fe y allí pude ver que su cuerpo efectivamente estaba bien trabajadito y que tenía una elegancia particular. Durante el encuentro charlamos bastante y entonces pasó a comentarme la fantasía que tenía conmigo.
Ricardo vivía en pareja con una mujer que tenía un hijo adolescente del matrimonio anterior. El pendejo se llamaba Sebastián y tenía 19 años. La cosa era que Ricardo se acababa literalmente encima por tener algo con este chico, tan solo que eso era imposible. En un momento llegó a decirme que aguantaba a su mujer solamente por tener cerca aquel machito que le quitaba el sueño y era objeto de magistrales pajas ocultas.
La idea que Ricardo tenía para mí entonces, era llevarme a la casa cuando estuviese solo y transformarme en Sebastián para que tengamos sexo. Puntualmente me pedía que lo penetrase, vestido, peinado y hasta perfumado como su hijastro.
Yo no tardé en aceptar, la idea me calentó muchísimo y desde ese momento comencé a prepararme para el encuentro que sería en una semana. Recuerdo que entonces tenía 24 años y para parecer más joven me afeité y me cambié el peinado. También me puse a dieta para bajar algunos quilos, aunque con mi cuerpo de ex – rugbier nunca pude verme tan magro como el pibe éste.
Cuando llegó el día que habíamos arreglado, fui a la casa de Ricardo a media mañana ya que estaba entonces completamente sola. De entrada le cayó muy bien ver que había cambiado mi peinado por uno más moderno y más parecido al de Sebastián y que me había afeitado. Enseguida me hizo pasar al cuarto de su hijastro y me ordenó que me cambiase con la ropa del chico y me pusiera su perfume. También sacó de entre la ropa sucia de Sebastián un calzoncillo usado para que me lo pusiese y me dejó solo.
En medio de aquel cuarto desordenado empecé a husmear en el placard y elegí unos jeans desgastados y medio rotos, una remera blanca ajustada y un par de zapatillas nikes sin usar que estaban guardadas en su caja. Cuando tomé el calzoncillo para ponérmelo noté que estaba un poco duro en una de sus partes, seguramente se había masturbado y se limpió con él.
Apenas había terminado de cambiarme cuando Ricardo golpeó la puerta y entró en calzoncillos con una erección enorme. “Sebastián, quiero hablarte” – me dijo, haciendo teatro – “Necesito que me saques las ganas, meteme tu chota”. Y de prepo comenzó a besarme y tocarme el cuerpo. Transaba como todo un caballero, su lengua era ágil pero prudente. No tardó en sacar mi pene del pantalón y llevárselo a la boca. Mamaba como los dioses, después se tiró en la cama y me ofreció el culo que ya tenía lubricado para una penetración. No hizo falta dilatarlo, simplemente comencé a penetrarlo oyendo desesperados gemidos y la constante súplica: “Sebastián rompeme el culo, soy tu puta, soy la perra que lame en tus calzones sucios la leche dura de tus pajas. Haceme sentir tu pija”.
Todo ello era terriblemente excitante. En un momento atiné a quedarme desnudo, sin embargo Ricardo me detuvo y me pidió: “Quedate así, me gusta cuando estas vestidito con tu ropa”. Para mí, que como sabrán y si no lo saben entérense, es terriblemente excitante hacerlo con ropa y sobre todo con zapatillas, fue el toque que hizo aquello sumamente perfecto.
Después de unos minutos de penetración, sentí que acababa y cuando Ricardo lo percibió me pidió que terminara dentro de él. Cuando acabé me tiré junto a él y nos revolcamos un buen rato sobre la cama de Sebastián.
El primer encuentro había sido hermoso y sublime. Para la segunda vez que nos vimos, Ricardo ya me había preparado la ropa que debía ponerme. En este caso era un jeans negro medio deslavado, una camisita a cuadritos y un par de zapatillas john foos negras rotosas, que se notaba el pibe usaba sin atarle los cordones, que me calentaron por demás. La rutina fue parecida, solo que esta vez me hizo darle contra la pared. Sin embargo, cuando terminé de atenderlo, mi calentura no cesaba. Necesitaba cogerme las zapatillas de Sebastián, así que aduciendo que iba a limpiarme salí para el baño y allí metí la pija dentro de una de las zapatillas y entré a franelearme hasta que la llené de leche. Cuando terminé la lamí más o menos, tenía un fuerte olor a pata, y salí para volver con Ricardo y transar un poco.
La tercera vez, fue igual; le di a Ricardo y luego me cogí frenéticamente las zapatillas de Sebastián. Por la quinta vez, al entrar y ver las john foos recogidas por mí, le pregunté a Ricardo si podía cambiarlas por las nikes negras de la primera vez y le expliqué mi fetichismo por las zapatillas, él se rió de mis gustos pero me dejó hacerlo. Obviamente no le conté que iba al baño para masturbarme en las zapatillas del hijastro.
Como las veces anteriores hice exactamente lo mismo, solo que mientras estaba en el baño Ricardo abrió la puerta y me vio en pleno goce con una zapatilla ensartada en mi poronga. Su reacción fue una risotada al principio pero luego se acercó a mí, me empezó a besar y se masturbó junto conmigo. Cuando estaba por acabar tomo la otra zapatilla del par y acabó al igual que yo en su interior. Su desesperación más grande fue, cuando me vio lamer la leche del interior del calzado, allí no lo resistió y participó de la limpieza con la lengua de las zapas de Sebastián.
Desde ese día el fetichismo con las zapatillas era parte de nuestro encuentro. Incluso me hacía revolcar por la cama de Sebastián entre 2 o 3 pares de zapatillas que yo completamente excitado no dudaba en penetrar. A los pares ya conocidos les agregó un par de reef, que por su aspecto Sebastián ya no usaba.
Un día, como a la novena vez, todo cambió. Al entrar al cuarto de Sebastián vi que había sobre una mesita que usaba como escritorio, una caja con unas zapatillas adidas que eran para mí un sueño. Estaban sin usar, aun no les había puesto los cordones. Yo no dudé en ponérmelas cuando me cambié, sin embargo cuando Ricardo me vio, me dijo: “No esas no. Son nuevas, todavía no las vio Sebastián, se las compré hoy de regalo. Ni sueñes en cogertelas. A las nikes le acabaste tanto a dentro que están hechas mierda, el otro día Sebas ya sospechaba de algo raro”. Yo le supliqué e incluso le dije que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa si me dejaba acabar allí. Con esto firmé mi sentencia y entré en su trampa, ni lerdo ni perezoso, me dijo: “Dejate culear y te doy permiso”. Él sabía que yo era activo y que no entregaba mi culo, pero eran las zapatillas de mis sueños, así que redoble la apuesta; “si en lugar de regalárselas a él me las das a mí, te doy el culo durante una semana seguida”, le dije.
Yo sabía que en realidad eso era lo que tanto le provocaba del pibe, solo que no había conseguido un pasivo que se preste a su fantasía un tanto morbosa de culearse al hijastro. Sus ojos se les desorbitaron y con una sonrisa accedió. Ese día me hizo cambiar como siempre con la ropa de Sebastián, pero a diferencia de otras veces se me abalanzó con una desesperación terrible. Si hasta para llegar a chupar mi culo, en vez de sacarme el pantalón, lo partió contra la costura y por allí metió su lengua para empezar a dilatarme. Su lengua entraba y salía dándome escalofríos, y cuando notó mi ojete abierto, no tardó en apoyarme la cabeza de pene y empezar a metérmelo. El ardor era terrible, pero al mirar hacia arriba y ver mis piernas abiertas y en mis pies aquellas adidas hermosas, lo dejaba entrar entre gemidos. Toda esa semana me hizo el culo, siempre con la misma desesperación y entusiasmo. “Te gusta ser trolo boludito”, “Que lindo que queda tu culito abierto chetito mal criado”, “Queres zapatillas nuevas, ganátelas dándome el culo, putito sucio”, “Comete esta poronga, gozá pajerito puto”, “De quien es el culito de Sebi?… De papito!” – siempre salía con alguna de estas cosas que sinceramente me calentaban y yo le daba la respuesta adecuada para que no pierda su entusiasmo ni su morbo: “Papi, haceme arder!!!!!!”.
Cuando llegó el viernes, esperaba que me diese las zapatillas, sin embargo, cuando terminamos ese día a la mañana, me sacó las zapas después que acabé adentro y las guardó. Frente a mi queja me contestó que me quería una semana más, que si lo hacía me dejaba llevar uno de los otros pares de Sebastián. Definitivamente me tenía agarrado y allí estuve una segunda semana haciendo la versión de un Sebastián puto y netamente pasivo.
Esa segunda semana de hecho cumplió y el viernes me dio las adidas por las que me había hecho un pasivo sumiso, que ya estaban sumamente enlechadas y no parecían tan nuevas, y el par de john foos negras que tanto semen mío y de Ricardo habían recibido. Me dijo que la versión que le metería a Sebastián era que las había dado por ahí a unos pobres y a cambio le iba a comprar nuevas.
Desde ese día lo volví a verlo tres veces más, donde alternamos roles. Yo también aproveché para cogermelo, después de todo me gustaba.
Para entonces Sebastián tenía unas john foos nuevas, también de color negro, que conocieron mi semen en las 3 oportunidades al igual que las viejas nikes negras y unas adidas bastante usadas y casi sin cordones, que un día estaban allí para lavar y eran definitivamente el par que el muchacho usaba mas a menudo. Ricardo eligió estas veces para masturbarse mis zapatillas, las adidas que me gané con mi culo y aun hoy las sigo conservando como un trofeo. Nunca las lavé y nunca les puse cordones para usarlas.
Después de estos tres encuentros no lo volví a ver. Un día en el chat lo contacté y me contó que había conseguido un pibe de unos 17 años, completamente pasivo, que se entregaba a su juego morboso y era un poco más parecido a Sebastián que yo.
Respecto a las zapatillas del chico, Ricardo sigue con el vicio de acabar en su interior cuando se pajea, según me explicó pasó a ser una forma para que su semen tome contacto con su amado hijastro.

EL MONITO

aresmonito@hotmail.com
http://www.elmundodelmonito.blogspot.com/

2 Responses to “PAPI HACEME ARDER”

  1. EL MONITO Says:

    MUCHAS GRACIAS POR PUBLICAR MI CUENTO E ILUSTRARLO TAN BIEN. ESTÁ BÁRBARO.
    NOS MANTENEMOS EN CONTACTO.

  2. Esta frenetica esta historia, me gusto mucho, mucho. Las imagenes no me agradaron tanto, pero super!

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