NAVIDAD BLANCA



Texto: Diego “Putito” López —
Fotos: Horacio “Calzoncillos Sucios”.

-Papá, mamá, lo siento soy gay.
-Haaaaa!- gritos y escándalos. Un sopapo que pasa cerca.
No se discute más, un vaso de agua para mamá que está llorando.
-Por lo menos vos te los empomás a ellos ¿no?
-Hee…
-¡Maricón! Se la morfa, se la traga entera. ¡Sos un comilón! ¡Pedazo de boludo! Y la culpa es tuya.
-¡WAAAAAA!- mamá llora de nuevo.
Otra vez el silencio, será el secreto familiar y mejor que no me vean con nadie en el barrio.
A los dos días ya lo sabía toda la familia, incluso los parientes de Australia.
Y en el barrio murmuraban por todos lados. Huí al centro de Varela y me tomé cuatro cajitas de Resero Tinto. Todos se volvieron amigos míos.
-Hola amigo…- Aunque no los distinguía bien, se veían borrosos.
Entonces llegó José, mi mejor amigo del secundario.
-Diego, ¿estás bien?
-Josecito, amigo- lo besé en la mejilla- abrazame, dejame acariciarte los huevos.
-Diego, estás en pedo, estás empapado de vino.
Tenía la remera toda mojada pero no sabía bien lo que era, aunque olía a vino. Era de noche y sentía mucho calor.
-Voy a llamar a tu viejo para que venga a buscarte.
Me senté en la vereda y esperé. Alguien me saludaba de la vereda de enfrente. Era un señor de traje con cabeza de conejo y trompa de elefante.
-Hola amigo- lo saludé.
Me levantaron entre dos y me metieron en el auto. Eran mi viejo y mi amigo. Fui con mi viejo a casa, pero antes de llegar doblamos por una calle oscura y detuvo el coche.
Mi viejo se puso delante mío y escuché cómo se bajaba el cierre. Me puso la verga en la boca, primero la palpé con los labios, abrí la boca y la comencé a chupar.
-Tragala, tragala toda.
Veía todo negro. Sentía sus manos en mi nuca mientras me frotaba su pija contra mi lengua y mi paladar. Estaba muy firme y caliente. Mi nariz se llenaba del olor a leche que estaba a punto de salir.
Empezó a gemir y a agitarse como nunca lo había imaginado. Mi lengua revisaba cada rincón de su glande y atrapaba algunas gotas de leche.
De repente brotó un chorro pero no lo pude tragar.
-¡Haaa! ¡Tragá, tragá!
Lo escupí todo. Me pasó la pija chorreando por los labios. Después me enjuagó la cara con mi remera húmeda y me quedé dormido.
Cuando desperté estaba acostado en mi cama, desnudo, boca abajo. Sentí que alguien levantaba las sábanas y unas piernas muy peludas rozaban las mías. Mi corazón se agitó.
Mi viejo apoyó su pesada mano en mi hombro y me besó el cuello.
Apoyó su pija en mi culo. Me puse tenso.
-Shh, aflojate, no hagas ruido.
Me puse más tenso y quería levantarme. Me sujetó con más fuerza y empujó su verga en mi culo. Me quejé y me tapó la boca. Sacó su pija pero puso su dedo que me masajeó el agujero con gran maestría. Lo estaba disfrutando. Mi culo se iba abriendo y mi pija estaba húmeda de excitación. La suya también, volví a sentirla en mi abertura, mojada, gorda. Quiso entrar pero mi culo se resistía.
Me dolía mucho.

Volví a quejarme, estaba por gritar. Me desesperé y le di un cabezazo que lo tiró de la cama. Me di vuelta para mirarlo. Se incorporó con furia, se sentó sobre mi pecho y comenzó a masturbarse con gran velocidad. Mientras resoplaba me decía: “Así que tenés el culo muy virgen todavía. Putito.” Acabó en mi cara con una lluvia blanca y caliente. Me cacheteó con la verga.
-Andá a bañarte que te llevo al colegio.
No me acosó por dos semanas. Ahora estamos yendo a lo de mis tíos a pasar Noche Buena. No sé cómo le voy a ver la cara a mi primo ahora que lo sabe, seguramente imagina que me excitaba cada vez que luchábamos juntos o cuando nos bañábamos en la pileta.
-Tu primo está arriba, con los video juegos.
Entré a su habitación. Estaba sentado en el suelo con el Family, jugando un partido de futbol.
-¿Puedo jugar?
Me cedió el lugar. Me senté y tomé el joistick. Mi equipo era Uruguay. Jugaba contra Canadá. Mi primo se arrodilló detrás mío y apoyó su short blanco contra mi espalda. Cuando sentí que su pija se puso dura solté el joistick y Canadá me hizo un gol. Me sacó la remera y se bajó el short Rozaba su pija en mi espalda con movimientos arriba y abajo. Luego de un rato se la agarró para masturbarse. La sacudió contra mi piel y acabó enseguida, dejándome el chorro de leche cayendo por mi espalda.
La puerta rechinó y empezó a abrirse. Mi primo se subió el short y fue a ver. Era su hermanita.
-¡Andá abajo!
Me sequé con un pañuelo y me puse la remera encima. Faltaba mucho para las doce. Bajé con mi primo siguiéndome. La fiesta fue normal, pero mi viejo hablaba mucho con mi tío y eso no me gustaba nada.
Corría mucho el alcohol, pero solo tomé jugo de naranja preparado con azúcar, ya había aprendido la lección.
A las doce el brindis y los fuegos artificiales. Corrí al baño, demasiado jugo. Entré y estaba mi tío meando.
-Esperá, ya salgo.
Esperé. Se tambaleaba un poco pero no le erraba al inodoro. No terminaba más de mear. Tenía el chorro largo como su pija. Al fin la sacudió y tenía la cara de contento. Suspiró.
-¡Hu! Listo. Todo tuyo.
Me preparé para orinar y él se volvió hacia mí. Todavía tenía la pija en la mano.
-Esto es todo tuyo. Agarrala.
Me acorraló contra la puerta y me estampó un beso muy tierno.
-Tomala, la mirabas con cariño recién, agarrala.
La tomé con la mano, tímido. Me dio otro beso, varios piquitos, besos en el cuello. Subía mi temperatura. Me mordía los labios y no paraba de besarme. Empecé a pajearlo.
-Así mi vida, muy bien. Tenés el mejor culo de toda la familia, ¿sabés?
Sus besos se hacían cada vez más jugosos. Su pija también. Me bajó los pantalones y bajó los suyos. Se sentó en el inodoro y me señaló su empinada poronga. Me arrodillé frente a él y empecé a meterme su pija en la boca. Era tremendamente deliciosa.
La puerta se abrió. Quise ver quién era pero mi tío me sujetó.
-No dejes de chuparla bebé, es tu papá que viene a darte por el culo.
Mi culo se cerró de repente, pero mi viejo se puso a lamerlo y su lengua hizo el milagro de relajarme. Me sentía completamente entregado. Mi culo latía como un corazón agitado.
-¿Dónde está el gel?
-Ahí, abrí la puertita, atrás del autobrillo. Lo escondo ahí para cuando viene la Ramona.
Ahora el dedo de mi viejo untaba mi culo con el gel y me enloquecía.
Yo no paraba de chupar la pija de mi tío y él controlaba muy bien su placer.
Mi viejo se acomodó atrás mío y la ensartó como si nada. Me tomó de los cabellos y me embistió con su pija de manera salvaje. Tuve que dejar de chupar para concentrarme en el placer de sentir esa verga entrando y saliendo de mi cuerpo. Mi tío empezó a acariciarse la pija disfrutando del espectáculo de ver a su hermano cogiéndose a su sobrino trolo. Mi viejo no tardó mucho en acabar. Mi culo le apretaba la pija y no podía resistirse a tanta calentura. Cuando acabó y aflojó su cuerpo sobre el mío, mi tío aceleró su paja y me tiró toda su leche blanca sobre la cara.

¡Feliz Navidad!

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