Calzoncillos en Kevingston


Calzoncillos en Kevingston

cuento: Diego – fotos: Horacio

Los shoppings están llenos de mujeres. Y yo tengo un local en un shopping. Adivinen que vendo. Ropa sólo para hombres. Aún así el local se llena de mujeres que vienen a comprar ropa para ellos: maridos y amantes.
Para novios no tanto, y para hijos tampoco porque los pibes son muy rebeldes y no se ponen lo que la mamá les compra.
Así que cuando vienen hombres yo y Horacio nos peleamos por atenderlos.

Horacio es mi socio y es muy trabajador. Ahora está atendiendo a una señora rubia con un pichicho que está soltando pelos por todos lados. Y justo ahora está entrando un pibe, lo atiendo yo.
Está buscando un jean, me tira la marca, un talle, elije uno. “El probador está allá”.
Va al probador. Miro a Horacio, pito catalán.
El pichicho en el suelo.
Doy una vuelta en mi sitio. No aguanto más, voy al probador a preguntarle si le queda bien.
Abro la cortina y el pibe está en slip. No le dí suficiente tiempo a probarse el jean. No parece tener mucho bulto.
-¿Te quedó bien el pantalón? ¿Querés otro?
Se puso colorado. Entonces noto que se está excitando.
-No, todavía no me lo puse.
Se le va armando un buen bulto en ese slip blanco. Se da vuelta.
¡Noooo! ¿Es tímido o me está dando el horto? Qué lindo culo.
-Disculpá, ya cierro he. De paso te traigo unos slips para que te pruebes.
Cerré y me fui rápido. Creo que dijo que no, ¿que no qué? Que no le lleve slips, le llevo igual. Saco de una caja unos cuantos, todos blancos pero distintos, quiero que los pruebe todos.
Llego de nuevo al probador, sin abrir la cortina me meto y le paso los slips. Tiene el jean puesto, ajustadito.
-Te queda bárbaro. ¿Cómo es tu nombre?
-Diego.
-Diego, probate este slip.
-No necesito.
-Dale, cómo vas a comprar un pantalón sin llevar slip.
Agarró el slip, se desabrochó la bragueta y se quedó esperando. Yo lo miraba.
-¿No vas a salir?- me dijo.
-Ha, sí, pero iba a llevarme el jean primero, así lo van embolsando.
Se sacó el pantalón, muy obediente. Me lo entregó. De reojo ví que tenía la verga dura debajo de su calzoncillo. Me estaba por retirar pero le dije.
-Antes de probarte el slip tengo que asegurarme de que no lo vas a ensuciar.
Se puso colorado de nuevo. Con una sonrisa se bajó el calzoncillo hasta el suelo. Su verga estaba erecta, su cabeza asomaba brillante y un hilo de líquido estaba por caer en la alfombra. Me agaché enseguida cuando ví que el líquido caía y logré tomarlo con la mano. Me dí cuenta de que había caído en mi propia trampa, una trampa de excitación y calentura.
Estaba de rodillas, con mi mano seguí el camino del hilo transparente hasta la punta de su pija y mojé mis dedos en ella. Los chupé y lamí la palma de mi mano. Solté el jean y me aferré a uno de sus tobillos.
Mi boca tomó su glande entre mis labios. Era tan suave, tan húmedo, tan cálido. Mi lengua lo recorría todo.
Mis manos empezaron a subir por sus piernas. Cómo me excitaban sus pelos. Sentí una urgencia en la punta de mi pija y me levanté de súbito para abrazarlo de atrás. Le chuponeaba el cuello con furia. Mis manos pasaron por debajo de su remera para estrujarle sus tetillas. Su culo desnudo presionaba contra mi sexo encendido. Quería cogerlo contra la pared del probador. Le pedí que apoyara sus manos en la pared.
Yo me bajé apenas el pantalón y el slip para dejar afuera mi monstruosa pija. Está mal que yo mismo lo diga, pero comparada con la pija del pibe, de poca experiencia, mi pija era un monstruo destructor de un solo ojo. Apoyé la puntita en su orto y lo tomé de los hombros para empezar a penetrarlo.
Mi pija estaba algo húmeda y el culo del pibe estaba hirviendo. Dí un empujón hacia adentro y entró la cabeza. Él gimió. Dí otro empujón y gritó. Tuve que taparle la boca y detuve mis movimientos. Puse mi pija en reversa.
-Shhhhhh.
Le hice en el oído. Él se relajó, le saqué la mano de la boca.
-Perdón. Me dolió. No pude evitarlo.
-Está bien. Acá no podemos hacerlo. Vamos a salir. Está todo bien.
Saqué lo poco que entró de mi pija, despacio. Cuando le tocó salir a mi cabecita, le dí un par de sacudidas en ese culito. Casi acabo, estaba como loco de excitación.
Se vistió, yo abroché mi pantalón. Salimos del probador. Nadie se había dado cuenta de nada. El local se había llenado de mujeres parlanchinas.
Tomé a Dieguito del brazo y me lo llevé hacia afuera.
-¿A dónde vas?- me preguntó Horacio.
-Ya vuelvo, encargate de todo.
-¡Sos un hijo de puta!
Del apuro tropecé con el perro.
-¡Haaaaaaaaa!
-Disculpe señora. Ya vuelvo y se lo arreglo.

Es un loquero ese local a esa hora.

Deberíamos contratar a alguien más.
****
Llevé a Diego hasta los baños del shopping.

Nos encerramos en uno sin mirar si alguien de afuera nos había visto.
-Disculpame, tendría que llevarte a un hotel, pero
tengo que volver enseguida, voy a darte como a un turro, pero te prometo que otro día, más adelante, te voy a…
-¡Iaaa!- Se me subió encima como un salvaje. Con sus brazos se agarró a mi cuello y se cerró con sus piernas atras mío y su culito sobre mi cintura. Me desestabilicé y terminé sentado en el suelo. Me arrancó la camisa de un manotazo y me clavó las uñas en el pecho.
-¡No soporto más tanta calentura! Hagámoslo ya.
Se levantó y se desvistió completamente. Ante ese espectáculo me desabroché el pantalón y mi pija salió erecta de nuevo. Se sentó encima de mi verga y se la acomodó en el culo. Podía ver cómo la introducía, estaba muy excitado y muy dilatado, pero igual le costaba. Se le notaba en la cara las muecas de dolor y de placer. Empezó a moverse arriba y abajo.
Sus dedos rodeaban la base de mi pija, hasta que su culito bajó por completo. Otra vez empezó a moverse, sentía el roce de su apretado culo en mi pija. Sus manos iban hacia mis piernas y hacia mi panza en zigzag y las tomé con las mías. Las apreté bien fuerte y empecé a acompañar sus movimientos con los míos.
Permaneció con los ojos cerrados, suspirando, lamiéndose los labios. Su cara daba gestos de extremo placer. Cerré mis ojos. Mi pija estaba por estallar, mis huevos también. El mundo se apagó mientras duró ese orgasmo, mi leche era mi alma que se había salido de mi cuerpo.
Le gustaba ese cuerpo. Me gustaba ese cuerpo. Me gustaba ese culo.
Abrimos los ojos al unísono.
Todo había acabado. Habíamos acabado.
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One Response to “Calzoncillos en Kevingston”

  1. hola espetacularrrr!!!! me justo esto….

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